jueves, 18 de febrero de 2010




Quiero llegar hasta ti.
Colarme como la noche
Sin que puedas escapar.
Sin que existan los reproche
Devolviendo aquel silencio
que dibujo la despedida
en un beso sin medida.
De cada lado del negro vidrio
que te condujo al exilio.
No fue mi carro, no fue tu coche
lo que te apartó de mí esa noche.
Fue el destierro, fue el engaño
al caminante que va gritando.

No sufro tu ausencia.
Aunque lejos, estas aquí;
en mi pecho, en mi cuerpo,
arropado en mí lecho.

Tu dormido en solitaria cama.
Abro tu puerta muy de mañana.
Ves mi cuerpo no dices nada
no hace falta las palabras;
No es el lenguaje del amor.
Basta una mirada compartida,
Para descubrir que embriagas mi vida.


Responde la naturaleza con todo su esplendor.
La fuerza de un manantial en mi interior
Un potro salvaje al galope recorre tu pecho.
¿Quién hace retroceder al río?
Ya tu cuerpo cerca del mío
Se deja escapar un profundo suspiro
Que surca los mares, en segundo, su recorrido.

Tu cuerpo despide ya la fragancia del amor,
La fragancia de las rosas la que me enamoró.

Así como el rosal, al reventar el alba.
Con el rocío mañanero
Déjame deslizar mis dedos
Hasta que la piel descubra el fuego
Que fundirá nuestros cuerpos.
Olvidando el mundo entero
Viajando por el cielo,
Descubriendo lo más bello;
Ese amor puro y sincero
Que nos negó la distancia y el tiempo.


Permite que el ave emprenda el vuelo
Que vaya en busca de la estrella fugaz.
Dibuja en mi cuerpo el camino al cielo
Allá a la cima pretendo llegar.
Vuela a mi lado que en el camino
Flores y estrellas se juntaran.
Ya no hay regreso dice el destino
Juntos amarnos por la eternidad.





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